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Carta del Padre Jose
Conrado desde Cuba
Navidades en Cuba.
Los niños de mi parroquia salen a caminar las casas
para llevar, con sus canciones y representación, la
alegría de las cercanas fiestas navideñas. Son las
“Posadas”, tradicional preparación mejicana de la
Navidad, que ya ha tomado carta de ciudadanía entre
nosotros. Del 17 al 24 de Diciembre irán a los barrios
y visitarán a las familias, en especial a los enfermos
y ancianos. Los jóvenes ensayan los villancicos, y
junto con los adolescentes preparan las “escenas
navideñas”. En las últimas cinco décadas, a pesar de
las dificultades, aun cuando oficialmente no se
consideraba tiempo de fiesta la conmemoración del
nacimiento de Cristo, las Iglesias celebraron y
estejaron los días de Navidad.
Pero no son estas unas navidades “fáciles”. En el
barrio se respira tristeza. Hace más de 15 días que
el agua no llega. A pesar de las lluvias, que en este
año han sido abundantes, las roturas de las viejas y
ya inservibles conductoras de agua, no dan abasto para
el medio millón de habitantes de Santiago. El aumento
de la tarifa eléctrica ha afectado la averiada y
precaria economía familiar. Las pandemias del dengue y
la influenza, la primera de ellas prácticamente
erradicada, han dejado sus secuelas en no pocas
personas. El que termina, ha sido un año abundante en
enfermedades y de múltiple y variopinta precariedad,
por no variar.
Anoche, en el barrio de Zamorana, (uno de los seis que
componen la parroquia) apenas se durmió. En varias
casas intentaron robar: palomas, pollos, puercos… y
los avituallamientos de las casas. La gente persiguió
a los ladrones y luego, hasta tarde, comentaban entre
vecinos. La pobreza pesa sobre todos y sobrevivir es
difícil: se ha convertido en el milagro cotidiano de
este pueblo. Pero además, también hay que cargar con
el peso de la desesperanza y el cansancio… La gente,
en especial los jóvenes, sueñan con emigrar… o con
resolver la vida mediante el matrimonio con alguien
venido de lejos. La devoción a San Judas, el santo de
las causas imposibles, ha ido en vertiginoso aumento.
Es el santo que resuelve “las visas y las divisas”. La
gente acude en masa el día de su fiesta, donde quiera
que ésta se celebre.
Para este pueblo Cristo nace. Es la luz que brilla en
las tinieblas, “…al pueblo que caminaba en sombras de
muerte”. Es “la gran alegría para todo el pueblo”. No
viene con la varita mágica para resolver todos los
problemas. Viene, sí, para compartir nuestra suerte:
porque “puso su tienda de campaña entre nosotros”.
“Dejó su rango, su categoría de Dios y pasó por uno de
tantos, se hizo como un hombre cualquiera”. Como dice
un villancico que seguramente resonará en nuestras
iglesias:
Lo esperaban como rico y habitó entre la
pobreza.
Lo esperaban poderoso y un pesebre fue su
hogar.
Lo esperaban un guerrero y fue paz toda su
guerra.
Lo esperaban rey de reyes y servir fue su
reinar
Lo esperaban sometido y quebró toda soberbia.
Denunció las opresiones, predicó la libertad.
Lo esperaban silencioso, su palabra fue la
puerta
por donde entran los que gritan, con su vida,
la verdad.
Navidad es un camino que no tiene pandereta
Porque Dios resuena dentro de quien va en
fraternidad.
Navidad es el milagro de pararse en cada
puerta y saber si nuestro hermano necesita nuestro
pan.
¡Feliz Navidad! Cristo nace para Cuba, nos llena de su
gozo y de su paz. No estamos solos… Los niños regresan
de acompañar a los enfermos, de llevar a los ancianos,
con sus villancicos y su presencia, la alegría de la
Navidad. Su tropel llena la noche de rumores y
esperanza. Sí, a pesar de todo, es Navidad. ¡Feliz
Navidad!
Padre Jose Conrado
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