El niño que se escapó de la escuela rural y después él mismo se escapó del campo para educar a sus hijas en La Habana.

Tiene en la actualidad 87 años. Nació cerca del poblado de Alquízar en el sur de la provincia de La Habana en la isla de Cuba. Durante su niñez trabajaba en la finca de su padre como lo hacían todos los muchachos de su tiempo y de su esfera pero tambien iba a la escuela rural. Pasaba el tiempo y el muchacho creció. Por la época de los años 20, la época de las vacas gordas, ocurió que los maestros, los dos maestros, de la escuela rural vinieron una tarde a visitar la casa de su padre. El señor padre recibió amablemente a los maestros, les brindó una taza de café y se sentaron a hablar. Probablemente hablaron del calor, los regadíos la falta de frigoríficos y la caña. Pero nada de eso tenía una trascendencia como lo tuvo la discusión del ausentismo que abordaron los maestros. Los muchachos estaban en el patio por aquello de que los muchachos hablan cuando la gallina orina.

Al cabo de la entrevista del padre con los maestros rurales se hizo bien manifiesto y claro el resultado de la misma. El padre llamó al muchacho y enfrente de los maestros le preguntó: A dónde tú estás yendo a la escuela? El muchacho empezó a balbucear pero el padre lo interrumpió súbitamente. En realidad no le dejó elaborar una excusa. No lo dejó contestar. Es y era una manera algo errónea de los padres de inquisitar a los hijos acerca de algo que ellos ya sabía y en realidad lo que le estaban diciendo al muchacho era que tenía que mentir o claudicar pero no lo iban a dejar mentir mi claudicar porque la retreta de palos les iba a caer encima antes de que la mentira llegara a hacerce evidente o la claudicación se hiciera elegante.

El niño, nuestro enfermo, no estaba asistiendo a las clases desde hacía ya tres meses. Iba para el colegio por las mañanas pero se desviaba y no aparecía en la escuela. Estaba, en realidad, aprendiendo a valérselas por si mismo en el campo, jugando, retozando, perdiendo el tiempo de la escuela. Fué esta la primera y la última vez que el padre le llamó la atención a nuestro enfermo. Le arremetió una tunda de golpes que los detalles de la misma no los recuerda.

Muchos años más tarde nuestro enfermo estaba recostado y oyó a sus hijas hablando en el portal. Ellas no sabían que él las estaba oyendo. Hablaban las muchachitas en términos de que ellas quiseran estudiar pero a su padre le gustaba mucho el campo. No podian estudiar en aquel remoto paraje y su padre se dedicó a ver como podía mudar a su familia para la capital, la gran Ciudad de La Habana. Serían los años de 1940 y así fue. Vendió unas cuantas yuntasde bueyes y acabó comprando una ruta, op el derecho a trabajar una ruta, de la Compañía de Omniobus Aliados, la COA. Eran los ómnibuses de color verde y amarillo que más se veían en La Habana. Por dos mil quinientos pesos compró la ruta, o el derecho de la ruta, y allí trabajó manejando la guagua durante más de 20 años.

Cuando triunfó la revolución comunista, le confiscaron primero la finca y después la ruta de guagua. Se acojió a un plan estatal para reentrenamiento en el cual lo hicieron tabaquero y en esa empresa estuvo hasta que salió del país. Entre sus grandes losgros él nos dice que nunca supo de médicos hasta que llegó hasta los 80 años. Esa es una gran medida de su gran calidad humana. Sufre en la actualidad de trastornos de un diverticúlo de Meckle y de demencia del tipo de Alzhemier.

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