El futuro de Guantánamo.

DR.

La base naval de los Estados Unidos en Guantánamo ha ganado renombre internacional en el contexto de la guerra contra el terrorismo lanzada pocos meses después de los crueles y cobardes ataques del 11 de septiembre del 2001. La importancia de la base en suelo cubano no se debe a que la misma haya sido atacada con misiles musulmanes, o que se hubiera lanzado sobre ella un ataque por las fuerzas de Castro, amenazando así a los marines que la custodian. Su importancia radica en que subsecuente a la fase afgana de la guerra contra el terror, los Estados Unidos trasladaron a la misma a unos mil combatientes enemigos en calidad de prisioneros.

Paradójicamente, una base que ha servido a los EEUU desde 1903 tiene ahora su futuro pendiente de un rol en el tapete internacional muy diferente de los que ha jugado en su larga historia. Sí, el futuro de la base depende en gran parte de la visión y la misión de la cárcel. El uso de las instalaciones para encarcelar a combatientes o prisioneros nunca fue previsto en ninguno de los tratados que Cuba y los Estados Unidos han firmado. Y aunque de vez en cuando Granma, diario oficial de Castro, alega en nombre del gobierno de Cuba que en la base no se respetan los derechos humanos de los presos, la realidad es que Raúl Castro apareció en persona en compañía de altos oficiales norteamericanos en los días que precedieron a la instauración del centro de detenciones de Guantánamo dando garantías de la seguridad del perímetro de la misma.

No es un secreto que los prisioneros de Guantánamo han caído fuera de las regulaciones y de las leyes de la Cuba de Castro y de la Constitución de los Estados Unidos. Complicando el limbo judicial en el que se encuentran ambos, la institución carcelaria y los prisioneros, se han levantado en las últimas semanas serias quejas acerca de la posible profanación del Corán por militares estadounidenses en Guantánamo. Aparentemente, dichas profanaciones han ocurrido en el proceso de interrogar y detener a cientos de combatientes enemigos y han dado pie a manifestaciones más o menos violentas en el mundo árabe, pidiendo el fin de las profanaciones y los encarcelamientos en total aislamiento. Por otro lado, a pesar de que los Estados Unidos siempre trataron de aclarar antes, durante y después del principio de esta guerra que la misma no se hacía contra el Islam, sino en contra del mal, gran parte del mundo ha entendido, quizás por estas alegaciones nacidas en la base de Guantánamo, que los norteamericanos sí han actuado contra el Islam. Y como en la base de Guantánamo la entrada está vetada a no ser a funcionarios con permisos especiales, se hace muy fácil para el mundo creer que algo se les está ocultando.

Además, varias publicaciones serias como el Times de Londres han publicado detalles acerca de la coerción física y psicológica, encadenamientos prolongados y convivencia con sus heces fecales practicados en la base sin respeto alguno por las convenciones de las Naciones Unidas ni de Ginebra. Amnistía Internacional ha llegado a tildar de ''gulag de nuestros tiempos'' a la instalación.

Con estos vientos soplando, el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, ha declarado que los Estados Unidos ``mantendrá abierta la cárcel mientras continúe la guerra contra el terrorismo''.

Es necesario, en este meollo histórico en el que nos encontramos, reconocer que en realidad los detenidos en Guantánamo tildados como combatientes enemigos tienen por necesidad histórica de los acuerdos que gobiernan la base de Guantánamo que estar bajo la jurisdicción de Cuba o de los Estados Unidos. Si las partes no pueden o quieren llegar a un entendimineto con respecto al tema de la jurisdicción, entonces habrá que cerrar la cárcel de Guantánamo. Eso es en realidad lo que han sugerido Jimmy Carter y otros políticos norteamericanos. A lo cual el vicepresidente Dick Cheney ha contestado rotundamente que no, pero sin proponer a quién se le debe dar la jurisdicción de los presos.

Sin duda, la base en Guantánamo ha sido recientemente un clavo en la imagen de los Estados Unidos en el mundo. Es importante apreciar que los acuerdos con respecto a la erección de esta cárcel en la base tienen que haber sido acordados entre la Cuba de Castro y la administración del presidente George W. Bush. Sin embargo, los mismos no han sido hecho públicos. Este hermetismo en realidad favorece al régimen de Castro, que puede haber garantizado las condiciones para que en la base se agruparan los combatientes enemigos, colocando así a los Estados Unidos en una posición de jaque.

Finalmente, las palabras de Rumsfeld con respecto a la perpetua presencia de cárceles en la base de Guantánamo asume que los cubanos vamos a permanecer indefinidamente al garete por los rumbos de la historia flotando de acuerdo a las corrientes que emanan de Washington. ¿No piensa Rumsfeld que los cubanos hemos estado bajo los efectos de una guerra contra el mal desde que el régimen de Fidel Castro empezó a dispersar la nación cubana por los caminos del mundo?

De manera que ni la visión de algunos de los cubanos libres ni de mucha de la prensa mundial ven bien que se continúe utilizando el suelo de la base para escapar de los más elementales preceptos de la justicia y del derecho. Y esto, por supuesto, no le repugna a Castro, ya que él ni ha permitido que los relatores de las Naciones Unidas entren en sus cárceles en la isla de Cuba. Pero sí le debe preocupar a Washington porque el tenor de las protestas está in crescendo y la imagen de los EEUU no debe empañarse más.

Médico cubanoamericano con ejercicio en Hialeah y Pembroke Pines. A mediados de los ochenta estuvo destacado en la base en calidad de médico naval de la Marina norteamericana, y más tarde en 1995 la visitó varias veces con los médicos organizados por el Dr. Manuel Alzugaray, del Miami Medical Team, ayudando a los balseros del 94.

 

Back ] Home ] Up ] Next ]